Cuando decidiste abandonar la idolatría para seguir el verdadero monoteísmo que sugiere la Torá, seguramente te sentiste lleno de miedo y preguntas invadieron tu mente. Preguntas como: ¿Habré tomado la mejor decisión? ¿Me abandonará mi familia por esto? ¿Quién me respaldará cuando enfrente problemas? ¿Realmente es esto lo correcto?
Cuando tomamos una decisión acertada, sentimos que hemos conquistado un territorio en nuestro crecimiento personal. Por ejemplo, al finalizar una carrera, después de muchas decisiones a lo largo del camino, creemos que hemos alcanzado una meta. Pero aún quedan muchas más decisiones por tomar en nuestra vida profesional.
De manera similar, en el ámbito espiritual, al elegir el camino de la Torá como Bnei Noaj, hemos logrado un gran avance personal. Hemos conquistado una «tierra» con nuevos horizontes y, al hacerlo, cuestionamos todo lo anterior. Sin darnos cuenta, a menudo el enemigo no es externo, sino interno. La parashá de esta semana nos enseña que el pueblo de Israel debía exterminar a los pueblos que habitaban la Tierra Prometida, para no contaminarse con sus prácticas. De la misma manera, en nuestro crecimiento personal, hemos ido puliendo aspectos de nuestra vida y eliminando hábitos que no eran del todo correctos.
Es natural que estas preguntas surjan y es importante enfrentarlas, pero debemos recordar que las respuestas vendrán poco a poco. No busquemos una respuesta definitiva en este momento. Tal como el pueblo de Israel conquistó la Tierra de Canaán paulatinamente, para no caer en la superficialidad de pensar que era por sus méritos que Dios se las entregaba, nosotros también debemos entender que nuestros avances espirituales son un proceso gradual.
Una vez escuché la frase «Lo que no cuesta, no se valora» y la adopté como un lema para mi vida. Ciertamente, Dios le entregaría la Tierra Prometida al pueblo de Israel, pero era necesario que ellos enfrentaran ciertos desafíos para apreciar lo que recibían. Del mismo modo, cuando decidimos adquirir nuevos hábitos, los viejos no desaparecen de un día para otro. Es un proceso que requiere tiempo y esfuerzo.
Ahora que has decidido salir de un entorno de idolatría, es natural que te surjan estas preguntas. Sin embargo, las respuestas llegarán gradualmente. Si eres nuevo en este camino y has decidido seguir las siete enseñanzas universales que Dios dio, te invito a que tomes como ejemplo esta porción de la Torá, que explica la necesidad de un proceso paulatino.
